Jun
17
Las Enseñanzas Secretas de Jesús: El Arbol
Filed Under Freemasonry, Religion, Spanish
Por Julian E. Ortiz
Jesús sintió hambre. “Viendo a lo lejos una higuera con hojas, se acercó a ver si encontraba algo; al llegar no encontró más que hojas porque no era tiempo de higos. Entonces le dijo: ‘Nunca jamás coma nadie fruto tuyo’. Los discípulos lo oyeron.” (Marcos 11:12-14) La higuera se secó y no daría fruto jamás.
Este pasaje ha sido motivo de duras críticas por parte de muchos autores. Esta es otra parábola de los Evangelios, que trae una enseñanza oculta. Marcos nos da una clave, cuando hace a Pedro decirle a Jesús que la higuera se había secado y éste les responde que con suficiente fé podrían mover una montaña y añade: “Y cuando estén de pie orando, perdonen lo que tengan contra otros, para que también su Padre del cielo les perdone sus culpas.” (11:23-25) Para un profano, el mensaje del perdón a los semejantes después de haber secado la higuera es incomprensible. Para nosotros, no podría ser de otra manera.
Este mensaje proviene del Gran Mandamiento. Cuando a Jesús le pregunta un escriba por el primero de los mandamientos, éste le responde: “El primero es: ‘Chema Y’srael, el Señor nuestro Dios es el único Señor, y amarás al Señor con toda tu mente y con todas tus fuerzas’. El segundo es éste: ‘Amarás a tu prójimo como a tí mismo.’ No hay otro mandamiento mayor que éstos.” (Marcos 12:28-31)
Los grandes estudiosos de la Torah están de acuerdo en que ninguno de los otros 611 mitzvot –mandamientos- es mayor que éstos. Es más: que de estos 2 mandamientos dependen los otros 611, de manera que si alguno cumpliere realmente con los primeros, cumpliría con todas las leyes.
Dios es la Raíz de todas las cosas. Como en el árbol, la raíz se mantiene oculta, pero es ella quien alimenta y mantiene todo lo que está en la superficie. Las ramas son de una naturaleza similar a la de la raíz: provienen de ella y viven por y para ella. Lo que no es de la Raíz, no lo es de la rama; y todo aquello que es extraño a la Raíz, es, por necesidad, dañino para las ramas. En la naturaleza de la Raíz está recibir para dar (toma alimento para poder alimentar el resto del árbol). Siendo de la misma naturaleza, el hombre hereda esta necesidad de recibir y dar, de ser amado y amar a sus semejantes.
Cuando el hombre fracasa en su evolución y se afianza en la etapa infantil de un ego que sólo busca su satisfacción -cuando solo busca recibir y no no “da” frutos a aquellos que tienen hambre de ello-, es como la rama que ha roto el vínculo con la Raíz, pues no actúa de acuerdo a ella, sino contra ella. Por eso, el árbol que no da frutos al hambriento, se habrá de secar.
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